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Hay
tanto jabalí en Asturias (en unas zonas más que en otras; ninguna
se libra de su presencia) que no cabe decir, “me han dado o tocado,
un puesto malo” Seguramente los habrá mejores. Recuerdo a modo
de anécdota, la conversación amigable celebrada con un montero,
terminada la batida, saliendo del puesto, cuando me hacia la rotunda
observación de lo extraño que le resultaba que el jabalí hubiese
tomado la opción de salir por lo limpio, “prau arriba”, puesto
que nunca era lo que solia ocurrir. Extrañado por como porfiaba
defendiendo su valoración, convine a cambiar con él mis
impresiones, con el fin de dejarle claro cual era mi criterio al
respecto.
El
jabalí de ascendencia y vivencia salvaje, distinto al doméstico,
criado y almentado este último en granjas, destinado a comercializar
su carne, ha cambiado sus usos y costumbres. Las circunstancias no
son las mismas de antaño. Impensable que este animal silvestre, tan
esquivo y huidizo en otro tiempo, lo veríamos acudir a la llamada
del hombre para darle de comer, incluso en su mano, para nuestro
asombro.
Es
verdad que la querencia de este animal para salvar el cerco, su
intención primaria, es salir por lo “tapado rompiendo monte”.
Es cierto que tiene “escapes” normalizados preferenciales que le
sirven de referencia para huir de la presion que se le somete. Esto
sucedía en otro tiempo, aún no lejano, dependiendo de quien, con
mayor asiduidad, cuando la presencia de esta especie bravía en los
montes asturianos se limitaba a ser casi una sombra dificil de
apreciar. De esos somos testigos los mayores, incluso los veteranos.
Lo normal era seguir el rastro de un solo individuo, porque no había
más en la zona, hasta ver donde paraba, si es que lo hacía. Eso
sucedia en Asturias.
Un
estado comparativo en cuanto a cifras oficiales de cobro en Asturias
del suido en cuestión en aquel entonces, años setenta, principios
de los ochenta del siglo pasado, debemos situarla para trescientas
cuadrillas asturianas, compuestas máximo de 12-14 cazadores, mínimo
de 8, en una cifra aproximada de unos 350, a lo mucho 400 ejemplares
abatidos por temporada en el computo general que abarcaban todos los
terrenos cinegéticos en el Principado (cotos sociales, privados,
reservas, y zonas libres) Datos del todo significativos,
esclarecedores en todo caso. Cualquier cazador de larga trayectoria
practicando la especialidad del jabalí en batida, según la
impresión que tengo, fruto de la experiencia que he recogido y
podido asimilar a lo largo de muchos años, me atrevo a decir que,
pocas oportunidades ha tenido en aquellos tiempos, por no decir
ninguna, de ver correr jabalíes en espacios abiertos, durante el
transcurso de una montería con la normalidad que está sucediendo.
El alto nivel poblacional de que goza este cerdo salvaje, es el que
posibilita en esta época, tener esta visión.
Por
tanto, no tiene componente de rareza ni porqué extrañar que los
jabalíes actuales, cuando en el transcurso de una batida, sienten
las ladras de los perros anunciando su inminente llegada a los
asentamiento donde tienen instalados sus cubiles provisionales (no es
uno el que ésta, como cuando sucedia entonces. A veces, las más,
son varios), opte la piara por una salida despavorida, en primera
instancia, buscando guardar su integridad física de la mejor manera
posible; si así no fuese, ante el temor a ser alcanzados por sus
pereguidores los perros, sin más opción de “salvese quien pueda”,
lo harán cruzando pastizales, incluso por el medio de las casas del
pueblo, si hiciese falta. Pero es que tambien considero, que el
espacio abierto, actualmente, no es algo que desdeñen; es de suponer
que para ellos tiene un alto componente de normalidad. Actualmente
los vemos a plena luz del día. Están acostumbrados a cohabitar
cercanos a casas de labor del sector primario y en las periférias de
las ciudades, en donde con facilidad se les observa transitando por
sus calles, sin que nadie les intimide,
De
todo esto deduzco, que la tesis del montero al que aludí al
principio, tengo la impresión, por no decir la certeza, de no
corresponder a la realidad actual. En esta época de sobredimensión
jabalinera que nos ha tocado vivir, los lances a esta especie en
descubiertos, se han producido con prodigalidad: soy partícipe de
situaciones de este tipo. Y ello, sin duda, ha sido propiciado por el
enorme crecimiento exponencial de este voraz omnívoro, obligado a
socializar, aparcados sus instintos, pero sin perderlos. La necesidad
les obliga