
La
renovación de los cotos de caza
social asturianos, pudiera
estar resultando para
el Ejecutivo regional un capitulo
complicado, que
aún lo será más si, pasado el tiempo, a
las cosas pendientes
de resolver en este
orden no se les
dan
solución definitiva
y acertada. De
todos es sabido la abundancia de una especie salvaje tan sumamente
conflictiva como es el jabalí. No hace falta decir nada más, puesto
que sus andanzas y comportamiento están causando graves problemas en
el medio rural, y sus correrías por las urbes, en busca de
contenedores en donde saciar su hambre, se han hecho ya normalidad al
alcance de la vista de todo el mundo.
La
verdad es que no se entiende bien esto
que parece un embrollo
en que esta metida
nuestra Administración
(quizás si alguien lo
explica con detalle lo entenderíamos),
al que le están costando severas críticas, por su falta de
previsión a que no diese lugar a retrasos. La operativa de la
función publica
es de suponer que disponga de personal suficiente y capacidad
jurídica con que poder desarrollar en tiempo y forma los aspectos
que conforman estas adjudicaciones. ¿Se han dejado hacer las cosas
con premeditación en busca de algo del que los cazadores
desconocemos? No lo sabemos. Nos anima a creer que algo ocurre,
porque es inconcebible, que a
estas alturas de la
temporada a la caza en
los cotos sociales pendientes
den renovación, no le
permitan tener actividad.
Si
los pronósticos que se hacen para que un coto esté activo, se
retrasa, hasta incluso el mes de noviembre, como
algunos
prevén que esto ocurra, ello
quieren decir que, el aprovechamiento cinegético del suido en
cuestión sufrirá una sensible merma en sus capturas por los
cazadores. Lo cual
tiene el
significado de que,
para una especie de estas características, tan prolífica
en reproducirse, la
posibilidad de aumentar sus piaras será de efecto positivo. Tres
meses en temporada de caza, sin que esta especie sufra bajas en sus
filas, quiere decir,
que puede suponer un
aumento considerable de su estado poblacional, con sus lógicas
consecuencias negativas para el sector
primario e incidencia
en producir accidentes de tráfico.
Los antecedentes avalan
como cierta esta teoría.
Evidentemente
una situación de esta naturaleza, contradice las expectativas que
desde la Consejería tienen puestas, cuando se trata de reducir a
través de la caza el
nivel poblacional de
este animal, incluso instando a los cazadores a que aumenten sus
capturas concediéndoles la posibilidad de hacerlo sin cupo. El caso
es que, sin abatir piezas de esta especie aumentará su tamaño
cuantitativo y habrá
más dificultad
para las sociedades de
cazadores que tendrán que resarcir en
su justa medida a los
damnificados de los perjuicios que el jabalí les
ocasione. Toda una
faena.
El
Biólogo
funcionario que tan alegremente culpabilizó a los cazadores de la
gran proliferación de jabalíes en Asturias por su falta de
aplicación a producir más cobros ¿Qué tiene que decir ante esta
situación? ¿También somos los cazadores culpables de la no
renovación
de los cotos, y que por
tanto, haya más ejemplares
de esta especies?
Algunos estaban mejor
callados.