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El Coto de Bros
Blog de Caza
28 de Julio, 2011    General

AL CONEJO EN LA MANCHA. DESCASTE (CAZA POPULAR Y FESTIVA)


La caza del conejo,desde antaño,  tiene un simbolismo que la hace ser popular. Sin perros, circunstancia que extrema las dificultades de su caza,  en época en que la norma no  autoriza la compañía de este aliado tan imprescindible para el verdadero  aficionado,  requiere del cazador agudeza de ingenio, temperamento y caracter, buen estado fisico  y no estar exento de habilidad. En estas condiciones y para esta ocasión,  sin la estimable ayuda de nuestros perros, como apoyo fiel, necesario  e indisoluble a la acción de cazar, obliga  al aficionado a esta modalidad de caza que padece  esta deficiencia,  acentuar la concentración, estar muy atento  a los imprevisibles movimientos tan sumamente  irregulares  de estos veloces y huidizos animales que ocupan espacio y se asientan en colonias de numerosa población,   merced a su fértil capacidad  reproductora (la madurez de la hembra, a decir de los expertos, da comienzo a los cuatro meses de edad, con una gestación de 30 días y una media anual de dieciocho gazapos que, descontado enfermedades y depredadores sobreviviran 5 o 6 crías) en zonas próximas a cultivos  cercanos a la seguridad que les supone la protección de  sus  inexpugnables madrigueras,  construidas sobre taludes y terrenos herbáceos muy consistentes, circunstancia esta última,  que dificultará  la acción del lance, en cuanto a su resultado positivo (el abate y cobro de la pieza) por la escasa  visibilidad que ofrecen en su rápida huida entre el matojo (salir al claro lo harán impulsados por las circunstancias)  y el escurridizo  movimiento que nos puedan ofrecer como todo un logro para nuestra vista. El cazador ante  esta situación tiene que  forzosamente  ser intuitivo y rápido en su capacidad de respuesta, si es que añora y desea él éxito que espera conseguir; la pieza, recelosa  siempre,  en estado continuo de máxima alerta,  haciendo gala y poniendo en juego la finísima  sensibilidad de los sentidos que la naturaleza le ha dotado,   cuando el  viento de cara le transmite preocupantes sensaciones o la silueta en lontananza del cazador es visible, y le anuncia   peligro  inminente; una situación de continuo que se produce y que se ven obligados  a desafiar ineludiblemente, dadas las exigencias de sus necesidades alimenticias  en el transcurso de su ciclo biológico,  no concederá la más mínima ocasión de ser abatida por un disparo de escopeta.

Fiestas patronales en Toledo, ciudad de las tres culturas, la  Árabe, la  Judía y la Cristiana, de variedad artística y monumental, de rico pasado y hermoso presente, tal y como reza  su leyenda. La histórica urbe acogía engalanada a un pequeño grupo de amigos, aficionados a la caza, llegados desde Asturias, y que hacían de aquel magico lugar, punto de encuentro de su cita anual. El compromiso era de levantarse temprano y partir antes del alba, rumbo al cazadero, distante  a unos quince kilómetros. Aún no había amanecido, caras somnolientas debido a la alargada  sobremesa de la cena, pocas horas de sueño y de descanso pero a pesar de ello, la ilusión se reflejaba en los rostros de la partida de cazadores,  bien animados y dispuestos, pues la información suministrada, referida a la importante  densidad de conejos que tenía el coto,  hacía  albergar esperanzas de disfrutar de una gran  jornada de caza.

El fuerte calor reinante el día anterior por aquellos pagos y la información meteorológica, nos presagiaba su continuidad, si acaso,  acrecentándola aún más. En nuestro recorrido previo hacia el lugar de ubicación y estacionamiento de nuestros automóviles,  a través de caminos polvorientos, pero de cómoda  rodadura,  con la vista puesta y sin perder detalle de todo cuanto veíamos, nos confirmaba los mejores  augurios: liebres, perdices, conejos y alguna que otra cantarina codorniz, pululaban a nuestro alrededor en orden y cuantía suficiente para darnos cuenta, una vez más,  de la importante labor de gestión que en aquellos terrenos objeto de acotado se estaba ofreciendo. La caza de liebre con galgos,    y los ojeos de perdices, ambos ejercicios de gran tradición en esas tierras castellano manchegas,   son formas garantes de un racional proceder acreditativo  en el aprovechamiento sostenible de estos recursos naturales. Una industria forjada al son de estos bienes,  complementaria de ingresos para economías familiares  modestas, que ofrece a los nativos en ocasiones puntuales, en época de vedas abiertas, muchas jornadas de trabajo y salarios percibidos,  como ojeadores y otros menesteres.

El  calor, visto lo visto, sería nuestra mayor preocupación; nada acostumbrados a estas elevadas temperaturas, por nuestra ascendencia norteña peninsular,  hasta cuando podríamos aguantarlo, era la gran pregunta que nos hacíamos. Se avecinaba un continuo “patear” por laderas compuesta de variopinto matorral y tierras de labor, una vez cosechado  el trigo, con nuestras armas preparadas  en situación de prevenga, por la eventualidad inmediata  de su uso, que nos obligaría a un esfuerzo suplementario de nuestras posibilidades físicas, al menos para mí, no tanto para mis compañeros, más jóvenes y aún todavía en edad de correr vertiginiosamente.  Comenzábamos nuestro periplo  en hora bien temprana, las agujas del reloj marcaban las 6,30 de la mañana, bajo la atenta mirada del guarda acompañante, persona sencilla, conocedor de su oficio y del terreno que pisa,  de trato agradable y positivas prestaciones,  de gran ayuda su apoyo y conocimientos, cuestión que le hemos agradecido. La “mano” de la que formaba parte,  compuesta  de tres escopetas, pronto sufría los primeros desencantos, mucho conejo mostrando su silueta  a distancias que harían ineficaz la posibilidad de nuestros disparos. A medida que abandonábamos el llano, con escasa percha,   y nos acercábamos a contrafuertes del terreno las cosas tomaban otro rumbo. Se sucedían de forma continua los lances, la piezas parece que aguantaban, consentían nuestran   presencia  más cercana, (seguramente, por lo que fuese,  más confiadas que en el llano) sobre   sus zonas de pastos: cultivos de garbanzos, olivares y escasos trigales que aún quedaban pendientes de recoger formaban parte de su alimentación, de ahí su cercanía a las madrigueras, en las laderas de pequeños montículos  cubiertos de expesa vegetación. El tiempo pasaba y la “canícula” arreciaba de forma que nos haría padecer su rigor. Con los morrales al completo, procedía la retirada con destino  al sitio de partida.

 Era mediodía, las 12 horas, y el sol en pleno apogeo, desplegaba copiosamente, sin miramientos,  sus fuertes rayos en aquellos parajes. La caza cobrada, la poníamos  a buen  recaudo en las instalaciones  frigoríficas de los gestores del coto hasta suretirada;sería el momento opotuno  de calmar nuestra sed, asearnos y degustar los sabores placenteros  de  una bien condimentada y cocinada paella. Siesta reparadora despues del banquete (un homenaje que nos hemos dado)  con el beneficio del aire acondicionado; en el exterior, sol de justicia, 42 y 44 grados, ni un alma por las calles.  La prudencia nos indicaba no movernos hasta bien entrada la tarde. Así lo hicimos, el margen de maniobra debido al calor agobiante,  reducía nuestras posibilidades y tiempo de participación. En este atardecer, así las cosas,  cuando el ocaso del sol  disminuía su intensidad, poco o nada pudímos hacer y ello  a pesar de  la constancia que exhibiamos, sin un ápice de  decaimiento en nuestro esfuerzo.  La zona de batida, distinta a la vespertina,  a orillas de un reducto de lo que seguramente en el invierno sea un humedal o pequeño arroyo de escaso caudal,  protegía entre sus altos arbustos de cerrada foresta,  infranqueables para nosotros,   a esta especie silvestre que aguardaba la declinación del día en zonas frescas, en espera de horas nocturnas, mucho más benignas y propicias para sus hábitos  Anochecía y lo prudente sería retirarse. Pernoctaríamos en Toledo, iniciando el viaje de regreso a la mañana siguiente. 

En definitiva, una agradable y fructifera jornada de caza, a  pesar del sol abrasador que aguantamos estoicamente,  llevados por nuestra afición, guardando armonia entre sus participes y de la que se hace necesario resaltar el buen trato, una superior disposición hacia nosotros, de los gestores encargados de su realización.

      

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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publicado por eduardobros a las 05:35 · Sin comentarios  ·  Recomendar
 
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