Nuevamente Luis Tamargo, montero de buen oficio, gran conocedor del terreno que pisa, extraordinario compañero de caza, mejor persona y buen amigo, miembro de la cuadrilla a la cual pertenezco, inscrita en el coto de caza del concejo asturiano de Grado, gestionado bajo los auspicios de la Sociedad de Cazadores del mismo municipio, me ha sugerido la idea de contar un lance fallido, del cual al unísono, él y yo (a Luis lo exonero, su responsabilidad queda salvada por lo mucho que puso de positivo en el empeño) hemos sido protagonistas, con especial incidencia (me cabe toda la responsabilidad) en el resultado final, en cuanto a mí participación se refiere. Sabe que no me duelen prendas, nunca me han dolido y así lo haré constar en la forma que mejor pueda y sepa narrar las peripecias de un desafortunado lance en el que he tenido todo que ver y nada he puesto de mi parte, salvo la firme voluntad de abatir aquel magnifico jabalí que, como se suele decir en el argot venatorio, salió del trance con la “salud intacta”, sus coordenadas intuitivas a buen recaudo, seguramente con más experiencia en el arte de burlar cercos después de lo vivido tras mi ruidosa intervención metálica, rumbo a otros pagos, en espera de librar otras batallas y poder vencerlas.
El caso Luis, es que no tengo disculpas, carezco de argumentos sólidos para defenderme. Y, mira, que me lo advertiste. Indudablemente las peripecias de aquel animal (por sus hechuras morfológicas, habria que clasificarlo en el genero de los buenos macarenos), ya las habías detectado, seguías con exactitud sus pasos, te oía perfectamente por la emisora relatar su rumbo y el destino de su huída: entraba "facilón" al puesto en que me encontraba. Pudiéramos titular la situación que emergía de los acontecimientos que se sucedían y de la cual me estabas informando al milímetro (te escuchaba y te lo entendía todo) como lo que bien pudiera ser y tener similitud, con aquella obra maestra literaria del gran García Márquez, CRONICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA, que afortunadamente para él suido no fue tal y sí para mí pesar.
Luis, que el bicho controlabas bien sus andanzas desde su inicial arranque, era cierto de toda verdad; alertado por ti, presté toda mi atención visual y sensitiva en localizarlo, esperaba su llegada por otro sitio (ya sabes… por aquel embudo en lo fondero del “prau”) y lo hacía como los toreros, a “puerta gayola”, arriesgando en la cita. Pronto supe, por el ruido de los movimientos que hacia el animal al andar entre la hojarasca, que el lugar de ubicación en el que me encontraba no sería el elegido para darme el posible “esquinazo”. El bicho en cuestión, venía “azorronando”, como midiendo con exactitud todos sus actos, máxima atención auditiva y olisqueando con la cabeza baja como no cabe esperar otra cosa de la naturaleza e inteligencia de esta singular, brava y valiente especie.
El lugar de ubicación en donde me encontraba lo había escogido como el más apropiado, según entendí. Siempre tengo, la sana costumbre de que, antes de asentarme en el puesto definitivamente, vea con detalle las posibilidades que me ofrece el mismo. Bien, este “cubridero”, ofrecía varias alternativas, a derecha, por el centro y a la izquierda tenía mucho transito, lo certificaba las numerosas “patadas” que registraban sus huellas en el terreno. Como ya había tenido la oportunidad en años anteriores de estar allí y me fue bien, creí oportuno repetir la jugada, desechando otras opciones. No obstante dudé, entre lo viejo conocido o lo nuevo por conocer, casi me decanto por esto último, hubiese acertado; no lo hice así y me equivoqué sin pretenderlo. Consideré que aquel espacio que había excluído a priori, caso de salir la pieza por él, lo podría atender confiando en el servicio que me prestaría, como tantísimas veces lo ha hecho, el Breno 270 que casi siempre utilizo. Una distancia de unos 100 metros, aproximadamente, me separaba de aquel lugar, caso de que el jabalí tuviese a bien presentar su candidatura a salir por alguno de aquellos agujeros. Evidentemente cabía esa posibilidad, tenía muchas probabilidades de que sucediese; era un paso bastante normalizado, muy usado, de huellas recientes, lo había comprobado con anterioridad. Elegí mi zona de asentamiento, confiado en que podría cubrir con suficiencia la distancia que me separaba de aquellas salidas. Todavía me resonaban los ecos de ocho días antes que, en igualdad de condiciones, pude materializar con suficiencia, también con el mismo arma, el abate de un jabalí. Esta circunstancia, me animó a confiar en mis posibilidades. Por tanto, opté por situarme en el lugar elegido, aquel que me era familiar, concediéndole mayor credibilidad.
Son las cosas que pasan, que no se acierta como se quisiera; si así fuera, no tendríamos en nuestra hermosa y querida tierra asturiana la densidad de especies cinegéticas de que gozamos en la actualidad.
Como te decía, el jabalí, astuto él, pensó mejor que yo, no salió por donde creíamos. Lo hizo, eso si, a tiro de rifle, primero enmontado y después, libre de estas ataduras, a un ritmo mas intenso; no llevaba una loca carrera, lo que podría facilitar su abate. Caminaba sosegado en lo enraizado del matorral y tras mi primer disparo aceleró su paso, buscando hallar dificultad y no conceder oportunidad de abatirlo (por la cuenta que le tenía), para el apostado tirador, en este caso este menda que suscribe, nada acertado en la tanda de disparos que efectue ya en campo abierto, lo que dio lugar al jabalí a salir triunfante y evadir el cerco tendido. Los tiros eran posibles, la distancia permitía que fuesen efectivos. Lo que falló, en esta ocasión, como en otras que me han sucedido; fue el tino del pulso, la puntería (estas cosas ocurren; bien es verdad que a unos más que a otros). Este lance no tenia características de ser imposible, como sucede con frecuencia en distintos eventos de esta naturaleza, cuya resolución final feliz, caso de producirse, dadas las peculiaridades que concurren en la dificultad que presenta su grado de acierto, se debe, mas que a otra cosa a una casualidad.
En fin Luis, como ves, motivos hay para reflexionar y sacar conclusiones que me hagan recapacitar. Después de tantas vicisitudes vividas en torno a la caza, con éxitos y fracasos en esta actividad que tanto nos apasiona a ti y a mí, aún quedan cosas que habrá que considera en su justa medida. Esta temporada de caza, a diferencia de otras, no está siendo nada edificante en lo que a mí respecta en cuanto a resultados positivos. No he estado afortunadado y bien que lo siento por vosotros los monteros que tanto contribuis a la causa con vuestro esfuerzo y la generosa atención que prestais a vuestros perros. Tuve posibilidades y fueron mal aprovechadas. No estuve acertado más de lo permitido, aunque, en casos concretos, con matices en mi demerito. Es una racha negativa que estoy seguro tiene los días contados; sin desanimo, con constancia y ahínco en el empeño, estoy seguro, a poco que pueda, revertiré. Al tiempo.