Para el aprovechamiento de esta especie, cualquier tiempo pasado no ha sido mejor. Conviene resaltar, como información y conocimiento para los recién llegados a la caza y aquella otra generación que le precedió que, abatir un ejemplar de esta especie, no hace mucho, suponía toda una quimera, dada su exigua densidad poblacional y las dificultades a desentrañar en su localización. Estadísticamente se encuentran recogidos datos muy significativos de la eficaz evolución de este gran superviviente que ha colonizado espacios impensables. Sus capturas, temporada tras temporada, a diferencia de antaño, son cuantiosas, y aún así, persiste en el empeño de mantener su nivel cuantitativo en número de individuos e incluso aumentarlo. Tiene fuerza y vitalidad suficiente para recuperarse de las numerosas extracciones que sufren sus colonias; como gran omnívoro que es, aprovecha con inteligencia las oportunidades que la naturaleza le ofrece de sobrevivir, dada su enorme capacidad de adaptación a cualquier terreno y circunstancia.
Decía que existen referencias comparativas (en cuanto a los abates y presencia) de otras épocas con el actual estado de las cosas en torno a este suido. Una gran desproporción, en número de capturas que, en datos reales, refleja la diferencia sustantiva de sus cobros. En Asturias, hasta casi los años ochenta del siglo XX, no pasaba de ser una mera referencia; a tales efectos, baste decir que la Sociedad Astur de caza, regidora por aquel entonces de más de una décima parte del territorio cinegético de nuestra comunidad (sobre unas 130000 hectáreas) y una base de asociados en torno a los 15ooo, con el dinamismo que han llegado a producir 320 cuadrillas de caza Mayor; en la temporada 1972-73, alcanzaba su cenit hasta entonces, con la “friolera” de 51 jabalíes cobrados, cifra que, en venideras temporadas, hasta 1982, no sufriría un tipo de variación significativo, pues escasamente sus “producción” en este sentido lograba alcanzar un número superior a 60 piezas e incluso inferior.
Varios han sido los factores que han determinado un bajo rendimiento de los abates del jabalí en los cotos sociales de la Astur. El principal, ya es sabido, es decir: ausencia de efectivos a las que habría que incluir, aunque no de forma tan decisiva a la expuesta con anterioridad, las normas reguladoras dispuestas por esta Asociación, en materia de empleo de armas, para sus áreas de caza en la modalidad de mayor, no autorizando el uso de automáticas y semiautomáticas, solamente se permitían las de cerrojo y palanca. A este pionero y singular procedimiento, se unían carencias, por las cuadrillas, en la tenencia de de rifles; los visores eran prácticamente unos desconocidos, siendo la balística escasa, deficiente y complicada de adquirir. En otro sentido, tengamos en cuenta que la formación de estos grupos se componía de un máximo de doce personas, casi todas ellas equipadas con escopetas paralelas (alguna superpuesta) de cierta antigüedad y por tanto habiendo estado sujetas, en muchos casos, a un importante desgaste, con la supuesta pérdida de efectividad correspondiente. El tiempo nos ha traído abundancia de jabalíes y la incorporación de nuevas tecnologías que nos facilitan el ejercicio de esta actividad; nada que ver con lo vivido.
En los cotos de la Sociedad Astur, subdivididos en la composición de lotes y en cuanto a estos últimos, se debe una circunstancia que se repetía cíclicamente en el periodo en que el ejercicio de la caza se encontraba en vigor. Curiosamente los abates de jabalí en esas señaladas zonas, diferían escasamente de anteriores campañas. Los lotes más prolijos, por denominarlos de alguna manera, los más solicitados por los socios, ofrecían estos resultados. Hablo o escribo de memoria, pero seguro que no difieren estas aportaciones, en lo más mínimo de las reales.
En el lote num. 3 (Río Melón-Sebarga) de Amieva, entre 6, 7 u 8.
En el lote num. 6, Caleáo-Caso, entre 6 y 7.
En el lote num. 7, En los concejos de Onis y Cangas, entre 7 y 8.
En el lote num. 9/11, dos zonas unidas; denominado La Marea (Piloña-Nava). Una demarcación, en aquel entonces, tradicional de jabalíes, especialmente los meses de Diciembre y Enero. Entre 10 y 12. En el lotes nums. 8 y 10, de ambos concejos, muy esporádicamente se abatía algún jabalí, pudiera ser 4 o 5.
En el lote num. 18. Zona de Nembra y Murias (Aller). De los 8 lotes de este acotado, el 18 siempre solía ser el más productivo, con unos cobros de 7 u 8 jabalíes. En el resto, escasas capturas (4 o 5 y si acaso, la mayoría, por los locales).
En los lotes nums. 20, 2l y 22, del coto de Sobrescobio, entre 2 y 3, pero no siempre.
En el lote num. 23 Raigosu (Laviana), entre 2 o 3.
En el coto de Ibias, Lotes de Centenales, Valvaler, Sena y Villarmeirin, en plena formación (el coto había sido concedida la gestión a la Astur en 1970, apenas se producián cacerías), fué a partir de 1977, cuando se hicieron, previa adjudicación por sorteo público, las primeras, siendo sus logros en este sentido, escasos; muchísimo terreno que cubrir (se permitía aumentar el numero de componentes de cuadrilla, hasta un total de 15), muy cerrado y desconocido, que hacía reticentes a las cuadrillas a desplazarse a tal lugar. En definitiva, en este coto y en aquel tiempo, pocas piezas fueron aupadas a los carros (2 o 3 por ejercicio), insuficiente cosecha para tanta superficie (33.000 hectareas)
Siempre que me refiero a la Sociedad Astur de Caza, (es nuestra historia y como tal debe tenerse presente a estas generaciones) a las estructuras de su organización, a los resultados de gestión, a su espíritu emprendedor, al carácter social de su filosofía, alcanza hasta el año 1982 del siglo pasado, tiempo final de mi compromiso de cargo directivo (secretario) con esta institución.