
Nunca
tuve dudas de que hacer con la presencia de un jabalí avanzando
hacia mi posición de espera, bien sea en un paraje despoblado, entre
zarzales; en la espesura de un bosque, etc. Dejarle cumplir, es decir
acercarse a distancia oportuna, si procede, para hacerle un primer
disparo, como aparente garantía de éxito, parece la mejor opción,
según la vieja teoría del buen montero que suscribo íntegramente,
dado la efectividad de los resultados cosechados por este sencillo
método. Pero hay cosas en esta vida que cambian. Esta pudiera ser
una de ellas.
La
obligación en las cacerías de llevar puesta una prenda
identificadora que indique con claridad la situación en donde se
encuentran cada uno de los participes como medida preventiva de
guardar seguridad, pudiera ser la razón que haga modificar esta
inveterada costumbre de no precipitarse nunca en el lance. ¿Tienen
identificados los jabalíes el chaleco reflectante de vivos colores
que llevamos puesto los cazadores en las batidas norteñas como una
señal interiorizada de verdadero peligro para su integridad física
que les hace volver grupas o buscar algo que le tape como puede ser
adentrarse en la espesura del monte?
A
tenor de lo que me ha sucedido de un tiempo aquí, debo considerar
que esta posibilidad pudiera tener visos de ser objetiva. Una pieza
que avanza hacia el puesto, cargada de adrenalina escapando en
dirección recta del acoso de los perros y de forma brusca da un giro
vertiginoso buscando refugio entre zonas de malezas o arbolado, no
hay duda que algo ha llamado la atención a sus agudos sentidos para
hacerle cambiar de estrategia en su huida. Alguien puede decir que se
ha movido el cazador y el ruido le ha alertado (suele suceder); que
se encuentra fumando y el fuerte olor que desprende el tabaco para el
fino olfato del jabalí, u otras causas, hayan sido los motivos de su
espontaneo y rápido cambio de rumbo.
Es
de suponer que a muchos nos haya sucedido un hecho así; aunque no
siempre. El caso es que, por querer asegurar la pieza por el sistema
de dejarla cumplir, hice lo que creí era lo correcto: no apresurarse
en hacerle un primer tiro, permitirle que llegue a dominios próximos
de la espera, nos puede suceder el efecto contrario. Sin los vivos
colores del chaleco, nunca antes me había sucedido; el jabalí no
alteraba su rumbo. Mi deseo prudente de esperarlo, con la intención
de abatirlo en un inicial intento, se ha truncado en varias
ocasiones: ante mi sorpresa, apenas me dio tiempo a reaccionar,
puesto que el animal ya había emprendido otro camino. Estas cosas me
han sucedido más de una vez y de seguido. Por si acaso ¿será
conveniente no esperar buscando el mejor momento? Creo que dependerá
de la situación del “bicho”, por donde transita, y, si el
espacio es abierto, calibrar bien las posibilidades. En corto, no
habrá objeciones.
Bueno,
es esta una opinión como otra cualquiera; solamente que yo he
sentido esa percepción, que puede tener variación en la próxima
oportunidad que espero se me presente. Todo dependerá de las
circunstancia que se den. Veremos. Si es que sucede, ya les contaré.
,