
Después de
tantos años en la caza practicando de la mejor forma posible dentro de mis capacidades este noble
ejercicio deportivo, desconocía que hay un individuo que se dedica a conceder el título oficial de
cazador. A tales efectos, circula por el ambiente de la caza asturiana un somero predicador con ínfulas de purificador, actuando como expendedor oficioso de este tipo de
certificados.
Ser cazador tiene muchos matices. Me referiré
en esta ocasión tan especial para mí, hacia
aquella que se deriva de la actividad cinegética. Cada uno es cazador en el
grado que así lo considere; es la
versión de un concepto personal íntimo, que nunca puede estar sujeto a criterio de los demás. Nadie tiene la
verdad absoluta y, mucho menos, la capacidad crediticia de establecer a quien
le corresponde la honrosa distinción de sentirse cazador.
Ser cazador
no puede relacionarse nunca con la asistencia servil a cazadores jerarcas, en funciones de
sumiso sirviente y Lo que en la lengua que utiliza el pueblo llano en
comunicarse, sin adornos, ni maquillajes, tiene nombre especifico que lo
describe muy oportunamente. Al buen entendedor, y ud. estimado lector, estoy seguro que goza de ese privilegio. con pocas palabras bastan.